Thursday, December 17, 2009

Dear 7N / Estimado 7N

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Dear 7N,

My new daily commute now includes a 7:00am trip westbound on the Banfield into town, and as I round the bend after the 53rd Avenue overpass, I see your tower quietly waking behind the cloud of steam that rises from the generators below. I can pick out the seventh floor easily…I know it well, from the inside and out.

Most of the lights in the Cancer Center are still off at that early hour, but there are almost always several lighting the morning commute from the seventh floor. When I took up temporary residency with you, mine was always one of them. I remember those mornings with a shudder, a tear, and such clarity that it’s hard to believe that more than a year and a half have passed since I spent the first one waking up to a beeping IV machine, a dose of Dilaudid to ease the pain, and vitals and weight check visit from a gentle CNA. Sitting here writing this still makes my heart rate rise with nervous energy.

I see your morning lights, and, if traffic is slowing my trip, I count them and sigh - there are always too many. Too many people spending too many nights and mornings and the longest days that have ever passed in the history of days in your tower. It’s a lovely tower, and your staff do absolutely the most extraordinary work, but I’d rather no one have to stay with you. I’d rather you be a lonely abandoned tower with no patients, or, better yet, to have never been built at all. But sadly, there you sit.

It’s a week before Christmas. I thought that spending the beautiful summer locked in the tower was torture…seeing the sun, missing out on all the good summer times, watching the news reports of the gorgeous weather and smiling children playing at local parks and rivers…but Christmas wins the contest for the worst time to be in the cancer ward for sure.

I know I haven’t been by to see you…and I should, I am healthy and happy and pregnant. You would be pleased. It’s not you, it’s me. Once I get up the nerve to stare my PTSD in the face and take the elevator ride up, I will come visit you and let you rub my expanding belly. It’s a girl, and as far as I’m concerned, she’s partly yours. You don’t have to pay child support or anything, but you deserve some visitation at a minimum. I will make it there, I promise.

In the meantime, please give your patients the following message:

Dear 7N Temporary Residents,

I’m so sorry you are going through this. I’m sorry you got cancer, I’m sorry you still have it, and I’m sorry it’s the holidays and you’re not home. I carry a tattered and worn membership card to the cancer club in my wallet, was also once assigned a 700 room number for far too many days, and have walked a mile around that 7N loop in those slippers pushing that IV pole. I don’t know what will happen, if everything will be ok or not, but please know this: I drive past the Cancer Center every morning and I think about you, and hope that you get to go home soon like I did. Stay strong, Cancer Brothers and Sisters, take good care of yourselves, and remember that there are lots of us here on the outside thinking about you.

Much love,
Darcy Davidson
Former 7N Temporary Resident




Estimado 7N,

Mi viaje mañanero al trabajo ahora incluye un tramo por la autopista 84 hacia el oeste con toda la demás gente que trabaja en el centro, y después de pasar por debajo del puente de la avenida cincuenta y tres, veo tu torre despertándose tranquilamente tras de la nube de vapor que sale de los generadores abajo. Reconozco con facilidad el séptimo piso aún así de lejos, pues lo conozco bien por dentro y por fuera.

La mayoría de las luces en el centro de cáncer permanecen apagadas a esa temprana hora, pero siempre hay varias que iluminan el tráfico mañanero desde el séptimo piso. Cuando tenía mi residencia temporal contigo, mi luz siempre era de esas que estaban prendidas temprano. Recuerdo esas mañanas con un escalofrío, una lágrima, y tanta claridad que me resulta difícil creer que haya pasado más de un año y medio que pasé mi primera mañana despertándome con el ruido de la alarma de la máquina del catéter sonando, una dosis de narcóticos para aliviar el dolor, y un chequeo de señales vitales y peso de una asistente de enfermera cariñosa y linda. Aún hoy en día, escribiendo esto todavía se me acelera el ritmo del corazón con energía nerviosa.

Veo tus luces mañaneras, y, si el tráfico me está alentando el viaje, las cuento y suspiro – siempre son demasiadas. Es demasiada gente pasando demasiadas noches y mañanas y los días más largos que han pasado en toda la historia de todos los días ahí en la torre. Es una bellísima torre, y su personal hace sin duda el trabajo más extraordinario del mundo, pero nada me daría más gusto que si nadie tuviera que pasar ni una noche contigo. Me gustaría mejor que fueras una solitaria torre abandonada sin pacientes, o, mejor aún, que nunca te hubieran construido desde un principio. Pero, tristemente, ahí estás.

Falta una semana para la navidad. Y yo pensaba que el pasar el hermoso verano encerrada en la torre era tortura…viendo el sol, perdiéndome de todos los buenos tiempos de verano, viendo los reportes de las noticias del clima perfecto y los risueños niños jugando en los parques y ríos…pero sin duda, la temporada de navidad gana el concurso del peor periodo para estar en el centro de cáncer.

Sé que no he pasado a visitarte…y debería. Estoy sana y feliz y embarazada. Estarías encantado conmigo. No eres tú, soy yo. Ya que agarre el valor de mirar a mi trastorno de estrés postraumático en la cara y subirme en ese elevador, te voy a visitar y hasta te dejo sobarme la creciendo panza. Es niña, y para mí, que es parte tuya. No te voy a pedir que me pagues la manutención de la criatura, pero de seguro te mereces derechos de visitas, mínimo. Sí voy a ir, lo prometo.

Mientras tanto, favor de darles la siguiente nota a tus pacientes:

Estimados Residentes Temporales de 7N,

Lo siento mucho que tengan que pasar por esto. Siento que les haya dado cáncer, siento que aún lo tengan, y siento mucho que sea la época de navidad y las fiestas de fin de año y que no estén en su casa donde deberían de estar. Tengo una credencial de membrecía del club de cáncer en mi cartera, alguna vez un número de habitación de los 700 también me fue asignado a mí, y he caminado varios kilómetros dando la vuelta en ese circuito cerrado del 7N en esa bata y pantuflas, empujando esa misma máquina del catéter con ruedas. Comprendo su situación.  No sé como vaya a terminar esto, no sé si todo va a estar bien o no, pero deben saber esto: paso diariamente por el centro de cáncer y pienso en ustedes, y espero con todas las ganas del mundo que les den de alta pronto y que puedan regresar a su casa así como yo. Manténganse fuertes, hermanos y hermanas del cáncer, y recuerden que somos muchos aquí afuera pensando en ustedes.

Mucho amor y abrazos,

Darcy Davidson
Pasado Residente Temporal de 7N